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Autoconcepto y Autoestima

AUTOCONCEPTO Y AUTOESTIMA

“Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.” San Pablo (Rom.12:3)

Los expertos en el tema de la autoestima identifican a ésta como parte constitutiva del autoconcepto. Este último es definido como “una estructura cognitiva que organiza las experiencias pasadas del individuo, reales o imaginarias, controla el proceso informativo relacionado consigo mismo y ejerce una función de autorregulación” (Tamayo et al., 1993). Esta estructura controla el proceso de recepción de los mensajes provenientes del exterior a la persona, de dos maneras:

1)             Interpretando los acontecimientos como favorables o desfavorables;

2)             Filtrando las informaciones para aceptar solo aquellas que son consistentes con la imagen contenida en el autoconcepto.

Por ejemplo, Sofía alimentaba un autoconcepto disfuncional, de creerse incapaz, inadecuada, de ser portadora de un desajuste severo de la realidad, aunque era perfectamente normal. Por lo tanto, aún cuando procediese correctamente y en forma sensata, le quedaba la duda si estaría bien y, por supuesto, cuando cometía algún error confirmaba su teoría de ser alguien perturbada.

El autoconcepto posee tres componentes básicos, uno de carácter evaluativo, otro de tipo cognitivo y, el último, de índole conductual. El primero es la autoestima, la capacidad para evaluarse a sí mismo y conocer el propio valor. El componente cognitivo se refiere a la percepción de las características y habilidades que el sujeto posee y que desea poseer. En tanto, el tercero, el componente conductual, es la capacidad de autorepresentar la imagen positiva que uno tiene de sí mismo. A nosotros nos interesa específicamente la autoestima. Como dijimos es la función de verse en forma positiva o negativa y, por lo tanto, la disposición para aceptarse a sí mismo y tenerse confianza o desconfianza. Hay personas que se creen buenas (alta autoestima) y otras se creen malas (baja autoestima), pero también se pueden creer excesivamente buenos, mucho mejor que la mayoría de la gente. ¿Es esta la mejor medida de autoestima? No. Una idea inflada o exacerbada de los valores propios, no habla de alta estima, sino de un mecanismo reactivo o sobredimensionado a la baja autoestima, una forma de tapar las insuficiencias.

La autoestima es el sentimiento valorativo de nuestro ser, de nuestra manera de ser, de quienes somos nosotros, del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que configuran nuestra personalidad. Esta se aprende, cambia y la podemos mejorar. Es a partir de los 5 o 6 años cuando empezamos a formarnos un concepto de cómo nos ven nuestros mayores (padres, maestros), compañeros, amigos, etcétera y a partir de estas atribuciones y las experiencias personales se va construyendo el autoconcepto y la propia evaluación.

Es de destacar que la autoestima juega un rol significativo en la calidad de vida y en el desarrollo de la historia personal. El nivel de la autoestima es responsable de muchos fracasos y éxitos, ya que una autoestima adecuada, vinculada a un concepto positivo de sí mismo, potenciara las capacidades personales para desarrollar las habilidades y aumentar el nivel de confianza y seguridad, mientras que una autoestima baja puede encauzar a la persona hacia la derrota y el fracaso.

Dr. Mario Pereyra, tomado de www.mpereyra.com

Reportaje en TVE sobre la salud en los adventistas

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Reportaje sobre Vida Saludable entre los Adventistas

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