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Manual del Proyecto Misión Caleb 2012 – UPN

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Indicaciones para Proyecto Caleb “La Gran Esperanza”

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Predicador Caleb

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 PREDICADOR CALEB

 CONSEJOS PRÁCTICOS EN EL PÚLPITO

 Cada predicador, necesita preguntarse en cada sermón: ¿Qué me propongo hacer con esta lección que voy a presentar? ¿Cuál es mi meta? porque para que el orador llegue a un feliz término con su mensaje, es necesario que haya preparado bien y domine la estructura como el contenido de su discurso.

El orador necesita conocer bien la naturaleza de su discurso. Por ejemplo un discurso puede servir par (1) Informar. Este tipo de mensaje tiene como meta comunicar un conocimiento. Por lo general se da nueva información, o se amplía o se aclara vieja información. El sermón puede servir también para (2) Convencer. Aquí la idea es cambiar la manera de pensar de las personas, cuyas opiniones sean distintas a las del orador.

Además el discurso puede tener como objeto (3) Persuadir. En este caso la audiencia ya tiene una idea de la que habla el orador. Ahora él (orador) crea un ambiente de motivación para la acción. Es decir que persuade a poner en práctica el conocimiento. En realidad muchos mensajes combinan dos o los tres de estos aspectos. Según las necesidades. O sea que es común combinar la didáctica con el convencimiento y la persuasión.

 EL CAMPO DE LAS NECESIDADES

 Muchas personas asisten a las reuniones de la iglesia en busca de la solución a problema que no pueden hallar en los otros círculos en que se desenvuelven. Creen que el único remedio a sus perplejidades más profundas se encuentra en la religión. Estas necesidades deben motivar al orador cristiano a preparar mejor sus sermones, ofreciendo un mensaje que ayude a aliviar las necesidades espirituales de sus oyentes. El sermón debe, a su vez, contribuir a fortalecer y estimular sus aspiraciones.

El conocimiento del campo requiere que el ministro esté familiarizado con el estilo de vida, con las costumbres, con las ideas que caracterizan a la gente de su comunidad. En cuanto a la congregación, el predicador tiene que tener una información precisa sobre (1) el nivel intelectual de la gente con quien trabaja; el (2) nivel social y económico, el (3) nivel espiritual, incluyendo el conocimiento bíblico. Aunque parezca algo secundario, aun las edades son importantes: ¿Son la mayoría adultos?, ¿Jóvenes? ¿Viejos?

El conocimiento del campo, es importante porque el predicador sabrá cuales son las necesidades más apremiantes de la grey. Sus discursos estará diseñados a enseñar y orientar individual y colectivamente, confrontando problemas personales y familiares. Si los hermanos son débiles en la fe o poco instruidos, será necesario elevar su conocimiento bíblico (dándoles el alimento espiritual).

El orador sabrá qué nivel de lenguaje es más apropiado a la compresión de su audiencia, según su cultura. El orador tendrá también la capacidad de responder a preguntas reales y vitales. No estará respondiendo preguntas que nadie hace.

 PREPARACIÓN PERSONAL DEL ORADOR

 Aunque la oración y la meditación personal es algo obvio para el ministro, quiero hacer una breve reafirmación. El predicador debe recordar que él tiene una gran responsabilidad en cuanto a las almas. Si usted duda del valor de las almas humanas, piense en la suya. ¿Cómo la ve? Por tanto, cuando el predicador se prepara a sí mismo, lo hace espiritualmente a la vez que intelectualmente.

 El predicador tiene que orar para que Dios le dé sabiduría y un espíritu de convencimiento se la verdad. De igual manera es esencial que ore por la audiencia, por aquellos que han de ser los receptores del mensaje. Estas cosas están resumidas en 1Tim. 4:13-16.

 LA DISPOSICIÓN EMOCIONAL DEL PREDICADOR

 La disposición emocional del predicador es un factor vital en la eficacia de la predicación. Vamos a dar el ejemplo del predicador pesimista. Este será el portador de malas noticias para los oyentes. Reflejará sus frustraciones en cuanto a sí mismo y en cuanto al mundo. Será un hombre decepcionado y temeroso que traerá a la mente de la gente todas las calamidades que ocurren en nuestro tiempo. Será el que expresa todos los males del mundo, pero sin dar soluciones que traigan esperanza a sus oyentes.

Por contraste tenemos al predicador optimista. Este será el que crea que aun en medio de las tinieblas de maldad puede brillar la luz de la esperanza que Dios da a los que le buscan. Aunque el pecado contamine a la humanidad, aún habrá justos. La santidad no es una quimera. Es una aspiración de todo aquel que quiera honrar a Dios. En suma, el predicador optimista es el que predica la vida abundante, el ancla de fe en medio de esta tormentosa vida.

 EL TEMPERAMENTO DEL ORADOR

 En cuanto al temperamento del predicador, vamos a decir que hay dos tipos: (1) El temperamento intelectual, que pertenece al hombre educado, cuyo interés son los libros y no la gente. Sus sermones se caracterizarán por el énfasis en el orden y la personalidad. Preferirá las materias argumentativas. Tratará de explicar los problemas de la vida en una manera filosófica. Sus discursos será modelos de piezas literarias, con alusiones a autoridades famosas. Si el orador se excede de esta manera de predicar, sus sermones alcanzaran a sólo una pequeña parte de la audiencia.

Por otro lado tenemos el (2) temperamento emocional, que apela al corazón con sus sermones. Este es el mensaje de tipo persuasivo, por el cual el orador se excita desmedidamente a sí mismo y excita fuertemente los ánimos de la audiencia. Su sermón carecerá de estructura y formalidad. Y si se sobrepasa, su presentación será más sensacionalismo y exhibicionismo que entendimiento. A la larga este estilo tampoco alcanza a todo tipo de audiencia. Hay quienes se resienten ante la emotividad excesiva.

Entonces, ¿cómo debe ser el predicador? Es difícil ser intelectual y emocional al mismo tiempo. Lo ideal es que el orador cristiano alcance un equilibrio entre dos temperamento. El predicador debe ser lo suficiente hábil como para saber cuándo es más necesario persuadir que educar. Lo importante es que el sermón se adapte a la circunstancias. 

LA CONVICCIÓN PERSONAL DEL ORADOR

Por último es necesario recalcar que muchas personas que asisten a las reuniones de la iglesia para escuchar un sermón, no quieren oír algo nuevo, sino que anhelan esclarecer sus dudas sobre aspectos doctrinales o de otra índole. Ante esto el orador tiene que ser de fuerte convicción. Es decir que el orador debe tener como meta afirmar la verdad y no ponerla en duda. El predicador no deberá exponer en el púlpito sus dudas, porque las dudas traerán confusión y división en la iglesia en vez de iluminación espiritual. Es esencial, pues, que el predicador sea firme y resuelto en sus enseñanzas.

 RECOMENDACIONES FINALES.

 1. No hacer muchas bromas. Unas referencias humorísticas en determinados casos son útiles para “romper el hielo” o relajar un poco a la audiencia. Sin embargo, cuando se abusa de este recurso, las bromas más bien distraen a la gente y se pierden la seriedad del discurso.

2. No ser escandaloso. El orador no debe ser ruidoso, ni con su voz (gritos) ni con sus gestos, ni movimientos. En cuanto a su voz, ésta debe ser lo más moderada posible (y agradable) y de volumen adecuando al local y el número de la audiencia. Además el orador no debe ser exagerado en sus movimientos, al grado de convertirse en un espectáculo sensacionalista. Esto también puede distraer a la audiencia. En vez de poner atención al mensaje de Dios, la gente pondrá su atención en el hombre.

3. Brevedad. La máxima capacidad de escucha (atención) de la audiencia es de 20 y 40 minutos. Después de este tiempo, generalmente la audiencia pierde interés, se cansa o se distrae fácilmente. Si el orador es incapaz de comunicar su mensaje en una media de 30 minutos, aunque cuente con 3 horas más, no tendrá mayor éxito

 CONCLUSIÓN:

El predicador en el púlpito, proclama la palabra de Dios por mandato divino. Los mensajes deben buscar el interés y la transformación con la finalidad de Salvación. Por esto debe ser hombre convertido, debe haber descubierto su vocación ministerial y aún amar profundamente a los perdidos. Sin olvidar que el ministerio conlleva a la Cruz.

Por otra parte debe ser capaz de comunicar el mensaje de la Biblia, a su vez informar, convencer y persuadir a la audiencia, siendo capaz de seleccionar los temas que sean importante y necesario.

El predicador no puede perder de vista que todo debe ser puesto antes en oración. Ser optimista y no pesimista es lo que le conviene a la audiencia. Tomar un temperamento medio, ni intelectual ni emocional, buscando a su vez trasmitir un espíritu de convicción y nunca de duda respecto de la verdad. No usar en el púlpito demasiadas bromas ni tampoco ser muy escandaloso (en el tono de la voz), siendo capaz de presentar su sermón en un tiempo prudente para que sea efectivo a la audiencia. Y por su puesto nunca avergonzarse del evangelio “…porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree;…” (Rom. 1:16)

Recepción y Secretaría

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Maestro de Ceremonia y Director de Canto

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Coordinador General del Equipo Caleb

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